Fundación Maurice E. Müller - España

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La AO (Asociación para el Estudio de la Osteosíntesis) fue una aventura extraordinaria. De hecho se inició el 5 de febrero de 1950, en Bruselas, cuando Robert Danis me mostró dos pacientes con fracturas de los huesos del antebrazo que a los 10 días después de la intervención utilizaban la extremidad sin dolor y sin dificultad. Danis me enseño su método para estabilizar las fracturas bajo compresión con su coaptor, sus hemicerclajes y sus atornillados. Su instrumental personal, su documentación y su pequeño manual me persuadieron de la validez de sus argumentos. A finales del mismo año, en Fribourg, Suiza, tuve la gran suerte de poder tratar sin yeso postoperatorio más de 50 fracturas diferentes. Mis primeras conferencias en 1951 y 1952 suscitaron sorpresa y las críticas acerbas de casi todos los cirujanos suizos. Sólo el «coaptor» de Danis fue utilizado cada vez más. Ocho años más tarde, como docente privado y con mi propio instrumental, todo cambió. En 1958 creamos el Grupo AO con Robert Schneider, Hans Willenegger, Martin Allgöwer y Walter Bandi. En 1960 pusieron a mi disposición, en St. Gall, un Servicio de cirugía ortopédica y traumatología con 200 camas. Este mismo año se iniciaron en Davos los Cursos AO, teóricos y prácticos. Nunca pudimos imaginar que en nuestro pequeño grupo de trabajo la avalancha de excelentes resultados, increíbles, pero también los numerosos casos poco satisfactorios y también algunos catastróficos. Personalmente no podía suponer entonces la resonancia internacional de la AO, que, por otra parte, no fue reconocida por la SICOT hasta 1984. Unos 50.000 cirujanos han seguido los Cursos AO en Davos y en todo el mundo. Por las cifras de venta de implantes podemos calcular que hoy día se realizan más de un millón de osteosíntesis cada año en todo el mundo. Esta cifra, ascendente, nos hace pensar que diariamente se practican de cinco a siete mil osteosíntesis. Es inevitable, pues, que los errores sean numerosos.
Errare humanum est. El error es humano, todos podemos equivocarnos porque el ser humano es imperfecto. El cirujano, que debe aprender a conocer las posibilidades de cada intervención con los medios a su disposición, posee cierto derecho al error. Con la sola condición de reconocerlo, de comprender su origen y de rectificarlo en la medida de sus medios. A lo que no tiene derecho es a perseverar en el error. Investigando las razones de algunos resultados poco satisfactorios, el cirujano aprende las «posibilidades y los límites» de una técnica operatoria puesta en sus manos. Si la documentación está en orden, su dossier radiológico completo y su autocrítica es objetiva, pronto descubrirá como mejorar los resultados.
Yo personalmente también he observado aflojamiento precoces y tardíos en mis osteosíntesis. He padecido seudoartrosis e infecciones, rupturas de placas y la mayor parte de complicaciones citadas en este libro. Estos errores fueron la base de nuestro trabajo científico. Nos ofrecieron la experiencia necesaria para escribir los diferentes Manual AO y algunos trabajos personales sobre técnicas ingeniosas utilizadas en la osteosíntesis que mejoraron de forma considerable la calidad y regularidad de los resultados. Iré más lejos: queriendo tender a la perfección, puedo decir que el caso perfecto es excepcional, ya que todas las radiografías muestran detalles de imperfección que con el tiempo pueden provocar trastornos más o menos duraderos.

Todos podemos cometer errores de criterio y de técnica. Los pacientes comprenden que no somos dioses, sino simples humanos. Esperan nuestro cariño, que estemos cerca de ellos y, sobre todo, que les expliquemos la verdad. Muchas veces me he sentado al borde de la cama de mi paciente, dos o tres días después de la intervención, para explicarle las faltas que he cometido y la manera de corregirlas mañana. Jamás un paciente me ha tratado con rigor, sobre todo si al día siguiente he podido asegurarle y demostrarle sobre una nueva radiografía que tenemos controlado su caso.

A principios de los años 60, nuestro inolvidable amigo Robert Schneider y yo mismo enseñamos a Rafael Orozco las bases teóricas y prácticas de la osteosíntesis estable. Aplicando con juicio los principios de la AO, obtiene rápidamente una gran experiencia y resultados excepcionales en el tratamiento quirúrgico de fracturas graves, las llamadas por fracas. Desde sus primeras osteosíntesis se decide a documentar todos los casos con formularios y microrradiografías y a revisar todos sus pacientes hasta su curación. Decidimos responsabilizarle de nuestra Fundación en España, con objetivos de documentación y docencia, donde se reciben multitud de casos de todos los orígenes, obteniéndose a lo largo de los años un material precioso con el que se puede evaluar y comparar las diferencias entre los resultados esperados y los realmente obtenidos. Dialoga con su pensamiento... Sistemáticamente intenta reconocer los errores de omisión, de diagnóstico, de razonamiento o simplemente de ignorancia. Con el tiempo, clasifica las fracturas según los criterios de dificultad de pronóstico y tratamiento. Su documentación objetiva del estado del paciente antes de operar, inmediatamente después y un año más tarde se convierte en una mina de oro para las publicaciones de su escuela, que ya acumula treinta años de experiencia.

Con el libro que tengo el gusto y el honor de presentar, Rafael Orozco realiza hoy un nuevo paso. No contento con presentar los resultados más brillantes de la técnica AO, se decide a mostrarnos malos resultados, a señalar con el dedo los errores, a hacernos participar de sus decepciones, a fin de evitar a aquellos que lean este libro, muy bien construido y magníficamente ilustrado, los errores mas frecuentes en osteosíntesis. Los traumatólogos actuales y futuros debemos agradecerle a él y a su equipo de colaboradores entusiastas el fruto de estas reflexiones. Estoy profundamente impresionado por el homenaje que me ofrecen mis amigos de Barcelona al dedicarme este libro, tan instructivo, tan profundo, tan interesante.

Estoy seguro de que esta obra, como los diferentes Manual AO, puede convertirse en libro de consulta para una revisión rápida antes de cada intervención sobre el esqueleto fracturado. Prever, reconocer y entender los errores es el principio de la sabiduría.


MAURICE E. MÜLLER