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Caso 1


Caso 2


Caso 3


Caso 4

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A lo largo de diferentes capítulos insistimos en la necesidad de una formación quirúrgica de base y una formación continuada en Cirugía Ortopédica para practicar cualquier técnica de osteosíntesis. Es más, hemos sentado como condición para su práctica, la necesidad de un entorno hospitalario adecuado, la disposición de instrumental, etc... Sin embargo, existen errores que sólo pueden interpretarse aceptando la ignorancia de cualquier principio por parte de su autor. Nada tienen que ver estos errores con los que hemos clasificado como de aprendizaje, y pueden coincidir con los denominados errores injustificables. Se distinguen perfectamente de los errores de personalidad y de los que padecen los genios que improvisan en razón de su autoestimación. Hay errores que sólo comete el que nunca ha leído o comprendido nada y no dispone de la menor información técnica.
Los pocos casos clasificables en este grupo de que disponemos en nuestro Centro de Documentación, sentimos decirlo, proceden de cirujanos generales que ejercen en pequeños pueblos, por lo que es probable que no toda la culpa sea de ellos, ya que, como se ha dicho, la osteosíntesis requiere unas condiciones de entorno determinadas. También es probable que algunos de estos montajes precarios hayan salvado alguna extremidad en situación de urgencia, pero no es menos cierto que la mayor parte de las veces condicionan un tratamiento posterior, por ejemplo, no permitiendo una nueva osteosínteis reglada. En general se trata de osteosíntesis mínimas con alambres de Kirschner percutáneos y pequeños cerclajes, que evolucionan a pseudoartrosis infectadas.
Los comentarios precedentes se refieren a España, pero hemos conocido casos procedentes de países con niveles sanitarios menos desarrollados, en los que estos errores por ignorancia son la técnica general, de lo cual también hay que decirlo, todos somos responsables. Cuando a la ignorancia se añade la falta de medios educacionales y de recursos instrumentales, la ignorancia no es culpable, sino un simple hecho a destacar para instar a su solución. Pero otras veces son errores groseros, en los que se observan improvisación, impericia y falta de método, con resultados catastróficos que sorprenden al propio cirujano, ignorante también de las consecuencias de su atrevimiento.
El ignorante digno es que se abstiene. Si actúa es, además, un insensato. Entendemos que, como médicos ejerciendo en el espíritu del código hipocrático, todos tenemos la obligación de enseñar, virtud que en Medicina se da de forma espontánea y generalizada como no ocurre en otras profesiones. Sin embargo, hemos podido comprobar que también existe el que no quiere aprender... teniendo posibilidades de hacerlo.

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