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Caso 1


Caso 2


Caso 3


Caso 4


Caso 5

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El hueso autólogo, en forma de pequeños fragmentos de tejido esponjoso o corticoesponjoso, constituye un precioso material para la reconstrucción de fracturas con pérdida de sustancia y para la protección de las fracturas diafisarias de fémur contenidas por osteosíntesis, solicitadas por enormes fuerzas de flexión. En condiciones de estabilidad, el injerto autólogo posee la doble propiedad de incorporarse al hueso receptor y de inducir la formación de hueso nuevo, por lo que muchas veces es un auxiliar imprescindible de la osteosíntesis. Grandes pérdidas de sustancia pueden ser sustituidas por injerto, cuya incorporación y ulterior transformación requiere como condición imprescindible una óptima estabilidad como la que puede ofrecer una osteosíntesis, o cuando ésta no es posible, la fijación externa. Si la estabilidad no es estricta, el injerto se reabsorbe y no cumple su función estabilizadora.
En las pérdidas de substancia localizadas, cuando se consigue una reducción anatómica estable de los fragmentos, el injerto se incorpora en el plazo de 6 semanas, asumiendo una función mecánica estabilizadora que progresivamente ayuda al material de osteosíntesis. Si no se apoyan con injerto, todo el esfuerzo es absorbido por el implante metálico, con riesgo creciente de fatiga de material y consecuente ruptura. Por todo lo dicho consideramos que constituye un grave error prescindir del injerto en situaciones en que la experiencia demuestra la necesidad de aportarlo. Todas las fracturas diafisarias de fémur tratadas por osteosíntesis con placa, aun perfectamente reducidas, requieren aporte. Todas las fracturas diafisarias de cualquier hueso con pérdida de sustancia, aunque sea menor, en la cortical opuesta a la placa requieren aporte. Todas las fracturas articulares por mecanismo de aplastamiento, con pérdida de volumen trabecular, precisan aporte.
Los principales errores que se cometen en la utilización del injerto lo son por omisión, debido a una confianza excesiva en la osteosíntesis, o por pereza de realizar la extracción del injerto, operación que alarga un proceso quirúrgico a menudo ya fatigante. Otras veces, el estado del paciente durante el acto operatorio, por ejemplo en polifracturados graves, recomienda acortar el tiempo de cirugía y sangría correspondiente. Sin embargo, puede asegurarse que el tiempo que en estas circunstancias puede ahorrarse, deberá emplearse luego en una nueva intervención. La cantidad de injerto será la justa y necesaria, cantidad que marca la experiencia, pero en todo caso debe sustituirse generosamente la pérdida de sustancia y sobrepasarla por arriba y por abajo en la mayor parte de circunferencia ósea posible, sin desvitalizar fragmentos vascularizados. Si la zona dadora prevista para obtener el material no es suficiente, constituye un error no abordar otra (por ejemplo, otra ala ilíaca). Frente a dificultades insuperables para la obtención de injerto, puede suplirse con injerto homólogo de banco o con hueso liofilizado. Entendemos que es un recurso debe utilizarse sólo para las grandes pérdidas de sustancia, ya que se ha demostrado que su eficacia es mayor si se combina con injerto autólogo.

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