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Caso 1


Caso 2


Caso 3


Caso 4


Caso 5


Caso 6


Caso 7


Caso 8


Caso 9


Caso 10


Caso 11


Caso 12


Caso 13


Caso 14

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Una vez elegido el modelo de implante adecuado para cada fractura, parece obvio que hay que escoger su medida adecuada; sin embargo, muchos de los errores detectados en nuestra revisión se deben precisamente a defecto en las dimensiones. Es un error típico de las épocas de aprendizaje, aunque puede ocurrir en cualquier tiempo como error esporádico.
Los defectos en las dimensiones de modelos de implantes adecuados, pueden dar lugar a complicaciones muy graves y los hemos visto en el uso de todo tipo de implantes. Con los clavos se dan errores de longitud y de grosor. Los de longitud por exceso pueden penetrar en la articulación creando lesiones añadidas a veces irre-versibles y por defecto, ocasionando inestabilidades suficientes para crear pseudoartrosis. Los de-masiados grue-sos exigen fresados desmesurados o estallan las diáfisis, mientras los delgados crean condiciones de inestabilidad. Tornillos demasiado largos, sobrepasando la cortical, se roscan en las partes blandas con riesgos neurovasculares y de atrición muscular. Los tornillos demasiado cortos no hacen presa cortical y por tanto no cumplen con su función estabilizadora. Las placas cortas al aceptar un número insufi-ciente de tornillos, se desanclan cuando son solicitadas en flexión mas allá de su capacidad de neutralización.
Entre todos los posibles errores dimensionales, los más graves y frecuentes, son los que se refieren a la longi-tud de las láminas de las placas acodadas, ya que pueden penetrar en la articulación lesionándola grave-mente. Cuando se usan placas de gran ángulo (más de 120°), hay que recordar que su función es la de conductores de fuerzas. Son por tanto tutores que permiten el deslizamiento del hueso, pe-netrando en la dirección que les impone la lámina hasta que el contacto con el fragmento opuesto frena el desplazamiento. Las fracturas de la región cervical y trocantérea del fémur enclavadas con una lá-mina que parece de medida precisa, por efecto de la impactación de la fractura el extremo de la lámina puede apa-recer intrarticular unas semanas después. No suele ocurrir lo mismo con los tornillos acoplados a las placas con mecanismo de deslizamiento, precisamente porqué el tornillo se acorta al mismo ritmo que la fractura se impacta, lo cuál representa una de las ventajas de este tipo de implantes sobre los monoblocs.
Otro posible error lo constituye utilizar implantes en exceso voluminosos para la fractura que se trata y para el hueso que lo recibe, de tal forma que la relación de elasticidad entre materiales es desproporcionada, quedando el hueso absolutamente rígido y perdiendo buena parte de su fun-ción. El ejemplo clásico lo representa la utilización de placas rectas anchas para estabilizar fracturas de tibia, cuando deben reservarse exclusivamente para fémur. Las placas anchas también se pueden utilizar en húmero, pero en este caso la razón no es su grosor, excesivo, sino la posibilidad de alternar tornillos en diferentes planos por la especial distribución de sus agujeros. De hecho placas estrechas tipo DCP suelen ofrecer posibilidades semejantes.

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